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Porque el 8 de marzo sí es necesario: la mujer sigue muy atrás en la industria tecnológica

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Año 2007. El Boletín Oficial del Estado daba la entrada a la Ley Orgánica 3/2007; un nombre técnico para lo que vendría a ser, a partir de ese momento, la Ley de Igualdad en España. El Gobierno, liderado por José Luis Rodríguez Zapatero, intentaba garantizar la no discriminación por género en el terreno laboral. Conciliación laboral, plan estratégico en la igualdad de oportunidades o facilitar el acceso de la mujer a los puestos de liderazgo fueron algunas de las medidas que el ejecutivo del Partido Socialista ponía sobre la mesa.

Año 2018. Sin antecedentes en este hecho, miles de mujeres de todo el país se movían a una con el objetivo de acabar con la desigualdad vigente en entorno laboral y social. 11 años después de la famosa Ley de Igualdad, la situación para la mujer (trabaje o no) sigue estando muy por detrás de sus compañeros de faena. El 8 de marzo de ese año, las calles de las grandes capitales del país se teñían de morado para acabar con la persistente desigualdad.

Solo por tomar un dato haciendo referencia a la famosa ley de 2007. El objetivo era que el 40% de los puestos de liderazgo (principalmente de la sección pública) estuviesen ocupados por mujeres antes de 2015. La realidad es que en 2017 solo había un 23% dirigidos por este grupo. Viniendo de un 4% previo es loable el esfuerzo, pero el famoso techo de cristal sigue estando más presente que nunca.

Desentrañar lo que ocurre con la mujer trabajadora, mucho más si nos referimos al sector de la tecnología, ha sido objeto de deseo de muchos. Uno de ellos es el estudio de Digitales sobre “Mujeres en la economía digital en España de 2018”. La realidad es que las conclusiones, como viene siendo costumbre, apuntan siempre al mismo punto: la elección de los estudios.

Menos de todo, también en los hombres

Según analiza el estudio, el sector de los estudios superiores está sufriendo una caída generalizada. Tanto de hombres, como de mujeres, la incorporación a universidades y formación profesional flojea desde hace años. Esto provoca, entre otras cuestiones sociales, una menor presencia de las habilidades tecnológicas en la sociedad con un gran perjudicado: la mujer.

Según el estudio, a menos habilidad tecnológica generalizada existe una mayor inclinación a la brecha de género –incluyendo la brecha salarial– en el sector. A fecha de 2017, el abismo entre el salario medio de hombres y mujeres en el entorno de la tecnología asciende a un 13%. Y, sin embargo, hay que celebrarlo con ironía: sigue siendo el sector en el que la diferencia es menor.

Y es curioso el efecto que los estudios superiores causa sobre la vida laboral de los actuales trabajadores. A día de hoy, el 54% de los matriculados en universidades son mujeres –siendo el 57% en carreras de ciencia–, pero para aquellos que ya dejaron atrás su carrera académica existe una proporción de 1 mujer, por cada 5 hombres. Y es una tendencia que sigue manteniéndose: si los estudios universitarios garantizan empleabilidad para los hombres, no ocurre lo mismo para las mujeres.

La ciencia y la tecnología están de moda, eso es un hecho. La presencia de la mujer es creciente tanto en el mundo académico, como en su incorporación laboral, pero existen grandes retos: ¿cómo hacer atractiva la formación de especialistas a las mujeres? Los estudios de FP nunca han sido excesivamente atractivos en España para ninguno de los dos sexos, pero mucho menos para la mujer, aún sabiendo que las tasas de empleabilidad actuales están por encima (en algunos casos) que las de los estudiantes universitarios.

Se abre ahora un reto: modificar los modelos educativos para fomentar las carreras de tecnología en todos los sectores de la población, independientemente del sexi de los mismos. En este aspecto se incluye la cuestión de la imagen: ¿cómo eliminar el estigma social de los que se dedican a la tecnología? Retos, no solo para las mujeres, sino de la sociedad.

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