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La muerte de dos ‘riders’ en Andalucía abre de nuevo el debate de la precariedad del sector

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El universo de los riders ha vuelto a tener que lamentar la situación laboral de su actividad. Si en mayo de este mismo año fallecía un repartido, no registrado, haciendo servicios para Glovo, el sector ahora tiene que sumar la muerte de dos jóvenes en el corto espacio de una semana. El pasado domingo, un rider de 25 años perdía la vida en Huelva; ayer, otro de 22 años, era atropellado de muerte en Sevilla. Ambos estaban trabajando en ese momento como repartidores a domicilio. En este caso, y a diferencia del rider de Glovo, los jóvenes operaban directamente para dos restaurantes.

Desde Comisiones Obreras de Andalucía explican en declaraciones a Hipertextual que de momento desconocen los detalles de la situación laboral de los fallecidos, pero adelantan posibles irregularidades en sus contrataciones teniendo en cuenta los antecedentes de las compañías tecnológicas y sus trabajadores: juegan entre la posibilidad de que fuesen falsos autónomos o, incluso, no estuviesen colaborando bajo ninguna relación laboral legal. «Sabemos que este tipo de empresas utilizan a jóvenes para estos trabajos de manera irregular, por lo que muchos de ellos se encuentran en situación de falsos autónomos o, incluso, forman parte del grupo de la economía sumergida [trabajadores en negro]», explican. De esta manera, desde CC.OO. adelantan que denunciarán estos casos ante la Inspección de Trabajo y pondrá énfasis en la situación precaria de los repartidores que, desde su punto de vista, «está poniendo los intereses económicos de ingresos y beneficios por encima de la vida de sus trabajadores». Explican, además, que esta tendencia está empezando a contagiarse a todos los sectores económicos: medicina, derecho, transporte…

El nuevo problema de los riders de restaurante

Los pioneros habían sido los de Just Eat y la Nevera Roja como una de sus bases del modelo de negocio; años después llegaron las grandes tecnológicas delivery y cambiaron el paradigma del sector. Nueva oferta de restaurantes, que hasta entonces no figuraban en el menú de Just Eat por un motivo muy sencillo: no disponían de repartidores. La solución fue sencilla. Ellos pondrían una aplicación y un gran grupo de riders al servicio de restaurantes y clientes. En poco tiempo, donde solo había una compañía –Glovo–, empezaron a salir a montones. Deliveroo desde Reino Unido o Uber Eats, como la división a domicilio de la multinacional, tardaron poco en conquistar el terreno.

Nueva economía y nuevos empleos: bajo estas ideas, las nuevas propuestas pronto calaron en el colectivo hasta el punto de hacerse casi vitales. Los problemas llegaron en verano de 2017. Por primera vez en la historia, al menos en España puesto que se contaba con un antecedente en Reino Unido, los riders de Deliveroo se ponían en huelga. Tras esto, los acontecimientos empezaron a desarrollarse sin remedio. Tanto Glovo como Deliveroo se han visto inmersas en sendos juicios que les acusaban del operar con falsos autónomos. Mientras Glovo ha salido airosa, de momento, de sus procesos, Deliveroo ha perdidos todos sus encuentros donde se ha obligado a reconocer como empleados a casi 100 repartidores. El fallecimiento del rider de Glovo en condiciones de irregularidad no ayudó al caso.

A raíz de esto, prácticamente la totalidad de las tecnológicas comenzó una nueva estrategia que no tenía nada de novedosa: que los propios restaurantes tuviesen sus repartidores. De esta manera, y ante cualquier problema, la responsabilidad sería del restaurante y no de la tecnológica. Uber Eats en julio y Glovo días después anunciaban la implantación de este nuevo modelo. Deliveroo, de hecho, publicaba hace unos días que contaban con más de 600 restaurantes con repartidores propios.

Esto, desde Comisiones Obreras, entienden que es una nueva forma de perpetuar y complicar el problema de la precariedad. Si bien es cierto que la Administración tenía controladas a las tecnológicas, la disgregación por restaurantes solo complica la investigación de la situación laboral de los empleados. «Es muy difícil llegar a todos y cada uno de los negocios y analizar su tienen repartidores en condiciones irregulares si no tenemos los suficientes Inspectores de Trabajo, que es algo que llevamos pidiendo desde hace años, pero creemos que la urgencia de la situación lo requiere», explican.

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