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Malos tiempos para las grandes valoraciones en startups: de Snapchat al complicado negocio de WeWork

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Corren malos tiempos para las tecnológicas que cotizan en bolsa. Tanto es así que más de uno de lo está pensando dos veces antes de comenzar a cotizar en los mercados públicos de Estados Unidos.

2019 apuntaba a ser el primer año de la nueva saga de valores públicos por estrenar, después del récord de 1999 y de la posterior salida de Facebook –que ahora igualmente tampoco pasa por su mejor momento–, Google o Apple hace ya algunos años más. La realidad es que está siendo un curso fatídico para el boom de las tecnológicas –una dura crítica a sus modelos de negocio, confianza futura y valor real–.

Snapchat, que ya cumple algo más de dos años, se estrenó con caídas por debajo de su valoración inicial; la mala suerte quiso que, justo cuando debutaba en los mercados públicos, Instagram «copiaba» algunas de sus utilidades más destacadas –nadie lucha contra el gigante de Facebook–. Más tarde, Tik Tok arrasó con las cuotas más jóvenes de usuarios. De sus 27,09 dólares de partida ronda ahora mismo los 16,62. Una buena cifra si lo comparamos con el fatídico final de 2018, momento en el que alcanzaba su suelo con 4,82 dólares por acción.

Ya en este año, todos los ojos estaban puestos en uno de los sectores más controvertidos a nivel mundial: las grandes compañías de movilidad ya estaban con un píe en los mercados. Esto era interesante por una larga lista de motivos, pero principalmente por el hecho de que por primera vez se daban a conocer los datos financieros reales de estas entidades y, por lo tanto, la utilidad de algunas de las rondas de financiación más grandes de la historia de la tecnología.

La primera en probar suerte fue Lyft, la rival de Uber en Estados Unidos. Este sería el campo de experimentos de la propia Uber ante lo que podrían decir los mercados de su actividad.
Nada bueno. En marzo, Lyft comenzaba con 80 dólares, y se dejaba casi la totalidad de su valor a principios de este mes para alcanzar algo más de la mitad de su precio inicial: 47 dólares.

Todo fue lo que se suele decir como crónica de una muerte anunciada. Uber se estrenaba en mayo con casi 41 dólares que se han convertido en la actualidad en 34 en una de sus mayores bajadas desde que se estrenó. Desde entonces, lo poco que ha trascendido de la compañía de transporte es que es un pozo sin fondo de quemar dinero y que, hasta la fecha, poco puede hacer para ganarlo. Sus 80.000 millones de dólares de valoración no compensan las pérdidas de 5.236 millones en el último registro –comparadas con sus 3.166 millones de facturación–.

Los despidos en el área de marketing e ingeniería en las últimas semanas han copado las últimas noticias referentes a la compañía. La paciencia de los inversores tiene su límite y ha salido por la parte del recorte de los gastos. El tiempo de esas valoraciones por encima de la realidad está llegando a su fin, y no son pocos los que buscan la sensatez en lo que a los millones se refiere.

WeWork Ciudad de México

El miedo de WeWork y su foco de negocio

La velocidad a la hora de sacar a las grandes tecnológicas en los mercados se ha reducido. El freno se ha pisado y una de las mayores víctimas ha sido WeWork. Desde hace unos días ha trascendido la duda de los propios inversores, concretamente de SofBank –que ya ha visto los resultados de Uber, donde también tiene acciones–, a la hora de sacar la compañía de oficinas a cotizar.

Su estreno previsto para dentro de unas semanas ha quedado en el aire. En unos pocos días, la valoración de WeWork se ha dejado la mitad de su precio por el camino.

De nuevo, las dudas sobre la capacidad de ganar dinero de la compañía ha sido determinante con un añadido. El mundo conoce el modelo de negocio de Uber o Lyft, más allá de que sea viable o no y de las inversiones de la compañía. WeWork no goza de esa facilidad de comprensión.

¿Cómo es posible que la compañía que cuenta con más inquilinos en Manhattan no genere ingresos? Es una pregunta que se ha hecho el propio CBInsights. La duda reside en los cambios de foco de la misma, pasando de ser una empresa de bienes raíces a algo mucho más ambicioso que intenta abarcar algo más que el alojamiento de inquilinos emprededores: crearlos, educarlos y aprender de ellos ha sido el interés de los últimos meses para la compañía.

Su foco ha pasado de lograr beneficios de las membresías de sus inquilinos emprendedores a querer abarcar todo el mercado de trabajo. A más propiedades inmobiliarias, más control tendrán sobre los inquilinos y mejores precios podrán ofrecer. Un tema cuestionable por el tema de la competencia: ante la ausencia de otros jugadores en el sector, WeWork controlaría todas las reglas del juego.

El problema es que de la simpleza nació el problema. El negocio inmobiliario se le quedó pequeño y pronto saltaron al negocio de las aceleradoras y consultoría para startups, además de una escuela para compañías tecnológicas. De ahí pasaron a la venta de datos que tan de moda está ahora mismo: ¿cómo diseñar mejores edificios?¿dónde? Se les ha llamado los «Google Analytics del espacio», de hecho.

Todo eso, como no podía ser de otra manera, cuesta dinero y mucho. Con un mercado altamente volátil y ante el miedo de los inversores, la mayor víctima es WeWork. Aprender a vivir sin los fondos, incapaces de generar por ellos mismos en este momento, será el próximo reto del unicornio de las oficinas.

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