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«Why so serious?» – Las películas de DC, ordenadas de más a menos serias

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Si algo ha definido las películas de superhéroes de DC durante años es la seriedad que ha empapado casi todas sus aproximaciones al género. Se puede rastrear parte de la responsabilidad de ello en el impresionante éxito comercial de dos obras capitales del género en los ochenta: los comics ‘Watchmen’ y ‘El regreso del Caballero Oscuro’. Un éxito tan espectacular que se llegaron a malentender y dieron pie a una larga época de superhéroes serios, violentos, oscuros, «adultos» con todas las comillas del mundo.

Superhéroes alejados, en fin, de los personajes clásicos de las Edades de Oro y Plata en las que lideró la DC histórica hasta los sesenta, con unos Batman y Superman afables, sin fisuras morales de ningún tipo, y que inspiraron adaptaciones como la bienhumoradísima serie de televisión de Batman. Eran otros tiempos, desde luego, porque ya hemos llegado a un punto en el que el impacto de los héroes «oscuros» de DC en los ochenta ha durado más que la época de los supertipos chanantes, paternalistas y rollizos de los cuarenta y cincuenta.


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Porque el otro gran impacto de los superhéroes DC en el imaginario popular es el éxito de las tres adaptaciones de Batman a manos de Christopher Nolan, y de cuya larguísima sombra DC no ha aprendido a desembarazarse hasta prácticamente ahora mismo, cuando ha probado alternativas… y le han funcionado. Todo el espectro de películas que han venido a rastras del Batman de Nolan ha dado pie a una fama por parte de DC de hacer superhéroes excesivamente serios, graves, y para los que el drama está por encima de la aventura.

‘Joker’, desde luego, no parece que vaya a cambiar esa idea, pero para comprobar si hay más humoradas que dramones entre los héroes DC hemos ordenado todas las películas de superhéroes de la casa de más serias a menos. Lo cual no implica un grado de calidad (¿o sí? ¿acaso una de las mejores película de Batman de la historia no es también la más graciosa?), pero sí que ayudará a que la balanza se incline hacia uno u otro lado. Dejamos de lado, por cierto, las películas de animación, que lo tienen más fácil para replicar el estilo de los comics. Y recuerda: estas opiniones son estrictamente del autor del artículo, así que no te las tomes demasiado en serio. 

Watchmen (2009)

Del director que poco después hizo una película sobre trabajadoras de un burdel que hacen artes marciales vestidas de colegialas con katanas y se enfrentan a monstruos (y funcionó) llega esta adaptación absolutamente literal -perdiendo todo el subtexto por el camino- de uno de los comics con más lecturas entre líneas de todos los tiempos. Obra, además, de un autor que siempre inyecta humor en sus comics aunque no siempre sea evidente (y claro, no funcionó). La clave está en que todos los cambios (el final, la acción, el uso de, ahem, Leonard Cohen) desproveen de ironía y suman comedia involuntaria al original. Un desastrito.

Batman Begins (2005)

Igual que le sucedió a Tim Burton, la primera película de Christopher Nolan al volante de las aventuras del Hombre Murciélago está algo agarrotada. Su obsesión con resultar verosímil y alejarse a toda costa de la visión de Joel Schumacher llevó a un exceso de oscuridad algo ridículo, y que se plasma en un exceso de justificaciones racionales a la hora de explicar el origen del héroe y la elección de un villano «no superheroico» que habría sido preferible dejar para entregas posteriores. Su influencia en el cine de DC posterior es incalculable, y toda la fama de exceso de seriedad que arrastra el cine de la editorial procede de la visión de Nolan.

El hombre de acero (2013)

Zack Snyder fue tan culpable como Nolan -o quizás más aún, por carecer del más mínimo sentido de la ironía distanciadora- de la avalancha de películas oscuras, «maduras» y deprimentes que adaptaron el Universo DC a principios de esta década, y con ello del tono del Universo Expandido. Y lo empleó a fondo en el héroe más inadecuado para ello: Superman, a quien convirtió en un alienígena absolutamente ajeno a cualquier forma de empatía o humanidad. Snyder confundió la madurez con una forma hosca y violenta de entender los superhéroes que, sin embargo, conectó con los espectadores que identifican a Kar-El con un buscabroncas espacial.

Joker (2019)

‘Joker’ es extremadamente seria, y se esfuerza en que la génesis de un villano tan tronado como Joker resulte verosímil. Pero el Joker es más grande que Todd Phillips y que Joaquin Phoenix, y en el tramo final de la película, el personaje y su tradición inundan la pantalla, y los Nicholson, Ledger y Hammill que precedieron a Phoenix se adueñan de la función. Para sorpresa de nadie, es lo mejor de la película, y culmina con unos instantes de comedia negra en estado puro que hacen suspirar por la película hubiera estado algo menos pagada de sí misma.

El caballero oscuro: La leyenda renace (2012)

El hecho de que Batman acabe llevándose a toda prisa una bomba para que no haga daño al explotar como hacía el Batman de los sesenta es el mejor ejemplo (aparte de que Nolan tiene razón cuando dice que el género superheroico no le interesa demasiado) de que ‘La leyenda renace’ es una buena comedia involuntaria. También es la que está políticamente más posicionada con su villano, y no precisamente hacia posturas progresistas, lo que hace que unos pocos años la hayan convertido en la película de la trilogía de Nolan a la que su solemnidad le hace más daño.

Superman Returns: El regreso (2006)

El éxito de la incursión de Nolan en la mitología de Batman propulsó el reboot de Superman, también intentando distanciarse de un precedente ridículo: la película del héroe producida por la Cannon. Como Superman es un héroe más optimista, exagerado y blanco que Batman, propicia algo de humor aunque sea por la mera exhibición de sus poderes, pero el punto de partida es abiertamente crepuscular, el tono solemne y el Luthor de Spacey, pese a algunos tics megalomaniacos, se distancia del de Gene Hackman, suavizándole la caricatura. El resultado es un auténtico callejón sin salida conceptual: no es de extrañar que DC volviera a la casilla de salida con el personaje.

El caballero oscuro (2008)

Aunque Nolan adquirió una innegable confianza con el personaje hasta el punto de poder ironizar con cierta finura sobre las contradicciones del murciélago y disponía de un villano como Joker, que propicia un humor salvaje y violento que Heath Ledger supo entender muy bien, ‘El caballero oscuro’ está lejos de ser una comedia. Pero al menos no tiene la ridícula solemnidad de la primera entrega o que, ojo, muchas de las imitadoras del estilo de Nolan. La balanza se desequilibra por culpa de melodramas emocionales muy poco interesantes, pero es la más ligera y digerible de la trilogia.

Batman v Superman: El amanecer de la justicia (2016)

Con Superman convertido en un extraño antihéroe que invoca con sus acciones nada menos que a los espectros del 11-S, ‘Batman v Superman’ se convierte en el team-up (un concepto que en los comics, por su inverosimilitud, siempre da pie a la verbena y la diversión sin prejuicios) más seco y demoledor de la historia. Por suerte, el abundante humor involuntario (el Momento Martha ha pasado a la historia como uno de los mejores chistes del Universo DC) y la estupenda encarnación de Jesse Eisenberg como Lex Luthor, rebosante -éste sí- de humor e ironía, disparan un poco la diversión.

Batman (1989)

La primera aproximación de Tim Burton a Batman, la película que volvió a cambiar el cine de superhéroes moderno tras ‘Superman’, tiene multitud de hallazgos, pero sigue estando demasiado agarrotada para su propio bien. La acción, los gadgets, el traje, los escenarios, todo es demasiado solemne y no hay fisuras para el humor. Las únicas excepciones son la interpretación de Michael Keaton, que dota al héroe de una humanidad -que se echa mucho de menos, visto lo visto en los últimos años- y cómo no, el Joker de Jack Nicholson, absolutamente dependiente del villano clásico de los comics y la televisión: bienhumorado, sociópata y de imposible sonrisa eterna.

Supergirl (1984)

Tras el fracaso de taquilla de ‘Superman III’, sus productores se plantearon darle un giro a la franquicia. El resultado fue una película mucho más light y tontorrona que cualquiera de la trilogía inicial de Superman, y no supo aprovechar las posibilidades (ni siquiera cómicas) de la idea de una chica ingenua en Metrópolis, que tan bien explotaba la primera temporada de la serie de The CW protagonizada por la misma heroína. Ligerísima y bastante olvidable.

Constantine (2005)

El cinismo es una de las características esenciales del John Constantine de los comics, pero algo se pierde por el camino en esta estimable pero fallida adaptación, posiblemente porque la presencia y el carisma de Keanu Reeves son demasiado puros como para retener íntegra esa mala leche. Aún así, la película se las arregla para tomar como punto de partida algún arco de guión del sardónico Garth Ennis, y hay unos cuantos diálogos que delatan el humor negro y desencantado que siempre ha tenido el cómic.

Superman (1979)

El primer guión que escribió Mario Puzo para Superman era de una comicidad absoluta. Richard Donner, espantado por cosas como un cameo de Telly Savalas interpretando a Kojak, lo reescribió y le devolvió algo de solemnidad. Pero no mucho: la película de Donner, canon en muchos sentidos para el cine de superhéroes que seguimos disfrutando hoy, es muy consciente de la ligereza de su material de partida. Además de abundantes secundarios caricaturescos, Christopher Reeve interpreta la fingida torpeza de Clark Kent con un estilo de comediante clásico mudo y su relación con Lois Lane está llena de detalles casi de screwball comedy.

Green Lantern (Linterna verde) (2011)

De todos los héroes DC, ninguno tan poco apropiado para recibir el enfoque post-Nolan como Green Lantern (salvo, quizás, Flash). Sus poderes, apropiadísimos para un despiporre tipo ‘Shazam!’, están aquí amortiguados por un enfoque cósmico excesivamente solemne. Por supuesto, la vis cómica de Ryan Reynolds se impone en la inevitable parte de descubrimiento de los poderes, pero en general se trata de una aventura superheroica a la que le habría sentado muy bien soltarse un poco y ser consciente de que las películas sobre superhéroes que sacan sus poderes de linternas y anillos espaciales, cuanto menos en serio se tomen a sí mismas, mejor.

Superman II (1980)

La segunda película de Superman representa el equilibrio perfecto entre la solemnidad a veces excesiva de la primera y el Richard Lester desatado de la tercera. Su autoría bicéfala entre Lester y Donner hizo que los villanos fueran aún más de cómic que en la primera parte, que se tendiera a la caricatura y a la autoparodia y, sobre todo, que un Gene Hackman perfecto como Lex Luthor diera rienda suelta a una comicidad estupenda y muy humanizadora.

Superman IV: En busca de la paz (1987)

Involuntariamente cómica de principio a fin, sobre todo en lo que respecta a sus secuencias de acción (aunque bien trufada de ideas insensatas y potentes, como la de Superman deshaciéndose de todas las armas nucleares del planeta y creando un villano). ‘Superman IV’ es una producción Cannon que puede colocarse en algún punto intermedio entre el buen humor de las primeras entregas y la comicidad paródica de la tercera. Aunque si lo medimos en términos de cuántas carcajadas suscita, posiblemente la mandaríamos al primer puesto de esta lista.

Steel, un héroe de acero (1997)

Un auténtico dislate conectado muy remotamente con el universo de secundarios de Superman al que pertenecía en los comics. Aquí, Shaquille O’Neal da vida a un justiciero biónico ayudado a distancia por una joven en silla de ruedas (que no es Oráculo). El tono es ligero, abundan los chistes horribles para aguar la violencia y con Shaq es imposible tomarse nada demasiado en serio, pero se nota que Kenneth Johnson pretendía hacer una película con comentario social. No lo consiguió.

Catwoman (2004)


Otro dislate sin pies ni cabeza
al que es fácil disculpar todos los problemas narrativos y estéticos que exhibe porque es perfectamente consciente de estar manejando material de derribo. La ligereza con la que se acerca al personaje da pie a escenas escalofriantes como la de la cancha de baloncesto, y el resultado global es francamente horrible, empezando por su dúo de actrices protagonistas, pero al menos no se da demasiados aires.

La cosa del pantano (1982)

Es imposible calibrar hasta qué punto esta adaptación del trágico héroe monstruoso de DC (mucho mejor adaptado en la interesante serie de DC Universe) no se está tomando un poco a choteo a sí misma, pero lo cierto es que enarbola los conceptos ridículos de rigor (monstruos de goma, experimentos loquísimos, damiselas en peligro) con bastante dignidad y sentido del humor. Perfecta para un programa doble con la, esta sí, ya abiertamente cómica y telefílmica ‘El regreso de la cosa del pantano’, de 1989.  

Batman vuelve (1992)

Con Burton cogiendo carrerilla y convirtiendo la primera secuela en una película más suya que del superhéroe orejudo, empiezan a advertirse los tics humorísticos propios del director. Para empezar, en la sensibilidad freak con la que describe a los villanos, algo que ya estaba en la primera entrega. Para seguir, con lo estupendamente narrada que está la relación entre Batman y Catwoman, quizás lo más memorable del film, y que da pie a chistes tan gozosos como cuando Selina Kyle le pregunta a Bruce Wayne si van a tener que pelearse cuando ambos descubren por accidente sus identidades secretas.

 

Escuadrón suicida (2016)

Algo más ligera que anteriores esfuerzos del Universo Extendido, pero de nuevo demasiado oscura para lo que le comviene, está claro que la película de David Ayer está abiertamente inspirada en la comedia superheroica reciente por excelencia, ‘Deadpool’. Aún así, DC sigue llamando a todos los timbres y a ver dónde le abren la puerta, y ni la encarnación del Joker, ni la violencia ni la propia historia, protagonizada por un grupo de supervilanos, tiene la jovialidad necesaria. Parece que en la pseudosecuela ‘Aves de presa’ el tono está algo más encaminado.

Liga de la Justicia (2017)

La salida de Zack Snyder de ‘Liga de la Justicia’ y su sustitución por Joss Whedon para escribir y rodar algunas escenas extra tuvo como fruto una película absolutamente desequilibrada, llena de cambios de tono y escenas a medio acabar. Quién sabe si algún día veremos el Snyder Cut, pero mientras tanto, es de celebrar la llegada de héroes como Flash o Aquaman al Universo DC, que inyectaron ligereza y humor a la agarrotada y plomiza relación entre Batman y Superman. El resultado es irregular hasta dejar exhausto, pero quizás abrió camino a un tono mucho más ligero en las películas DC.

Wonder Woman (2017)

Dejando aparte lo que puedan aportar en términos de representación y de renovación de mensajes bañados en testosterona, el cine superheroico protagonizado y creado por mujeres tiene una virtud extra: sus personajes no tienen que estar demostrando continuamente que están muy torturados, que sufren mucho, que cargan con mucha responsabilidad. La película de Wonder Woman es un buen ejemplo de cómo un personaje tan poderoso como Superman puede traer consigo aventura, despreocupacion y humor, y no perder épica por el camino. Refrescante y renovadora (aunque no del todo redonda), ‘Wonder Woman’ es un bálsamo en tiempos de snyders.

Superman III (1983)

Rozando ya la autoparodia debido a la elección de Richard Pryor como comparsa del héroe, ‘Superman III’ acentúa todos los elementos de tebeo de la anterior entrega, con un montón de secundarios desatados, y Pryor casi dejándose llevar por alguna improvisación. En algún caso funciona e incluso inyecta tics de sus números de stand-up francamente hilarantes (como cuando narra su encuentro con Superman usando un mantel rosa como capa), pero la mayor parte del tiempo el conjunto está descompensadísimo y no sabe con qué tono quedarse. Sin embargo, la película incluye algunos de los momentos más celebrados de la saga, como todo lo relativo al sensacional Superman «malo».

Aquaman (2018)

Desde luego no estamos ante una comedia, pero sí ante una película que reenfoca el Universo DC, y cuyo éxito ya se dejó notar en ‘Shazam!’ y, posiblemente, también lo hará en ‘Aves de presa’ y las secuelas de ‘Wonder Woman’ y ‘Escuadrón Suicida’. A la autoconsciente y muy libre encarnación de Jason Momoa se suma un guión que no tiemne problemas en embutir aventura, acción, terror y romanticismo en una mixtura completamente tebeíl, colorista y despreocupada. El resultado, aún con sus carencias, es extremadamente refrescante y, sin duda, lo mejor que le había podido pasar a DC tras las dudas de ‘Liga de la Justicia’.

Jonah Hex (2010)

Fantástico disparate, completamente autoconsciente y que juega la carta de la falsa solemnidad para burlarse de todos esos héroes hoscos y atormentados que el Batman de Nolan estaba poniendo de moda. Su fracaso crítico y de taquilla alejó a DC del tono ligero durante casi una década, y si bien es cierto que se trata de una película irregular, su inteligente apropiación de las reglas del western para dar pie a una fantasía de cómic sin pies ni cabeza hubiera merecido algo más de cariño.

Batman Forever (1995)

Comienza el despiporre en la franquicia de Batman con la llegada de Joel Schumacher a los mandos, y trae consigo una nueva forma de ver al héroe que bebe de los comics clásicos del personaje, antes que de la plomiza moda del grim & gritty noventero. Para ello cuenta con la inestimable ayuda de unos Jim Carrey y Tommy Lee Jones apropiadamente caricaturescos como villanos y una aventura sobre cacharros que controlan la mente que canaliza, gracias a su puesta en escena viñetera y acelerada, el desenfado y el desfase de la serie de los sesenta y los comics anteriores a los ochenta.

Shazam! (2018)

La revitalización total del Universo DC llega por la vía de una comedia juvenil luminosa y empática, más preocupada de resultar accesible a todo el mundo que por contentar a los fans de la DC oscura y dramática. Lo bueno es que lo consigue con una película que apela a los devotos de los superhéroes destraumatizados, sin olvidar una acción de primera categoría y unas set-pieces sofisticadas y llenas de guiños a los clásicos. Con su éxito ha abierto definitivamente una nueva vía para los personajes de la editorial.

Batman y Robin (1997)

No empecemos otra vez con que si es buena o si es mala: ‘Batman & Robin’ es una estupenda comedia petarda con superhéroes, donde hay desde parodia gay malintencionada a un Schwarzennegger convertido en ametralladora de juegos de palabras y frases lapidarias, pasando por una Uma Thurman estupenda como femme vegetale. La cara de despiste de George Clooney y lo cargante de Chris O’Donnell solo suman hilaridad al conjunto, que cojea únicamente en lo desaprovechado que está Bane y que secuencias tan perfectas como la del museo eran demasiado sofisticadas para su época. No nos merecíamos una joyita como ‘Batman y Robin’

Batman (1966)

«Hay días en los que uno no se puede deshacer de una bomba«. Con frases así de perfectas e hilarantes, ‘Batman’ –basada en la serie de televisión que convirtió al Hombre Murciélago y a Robin en los dos bufones más graciosos de Estados Unidos– se convirtió en la película de superhéroes más graciosa que ha salido de DC. Abiertamente familiar, paródica, y con todos los tics que hicieron famosa a la serie (la música, las peleas, las onomatopeyas, los villanos, la autoconsciencia), ‘Batman’ sigue siendo símbolo de una era perfectamente ingenua de los superhéroes, y también de una que echamos de menos más a menudo de lo que deberíamos.

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