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No hay MWC 2020, pero la lucha por dar visibilidad a la mujer en el sector sigue en pie

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Podría haber sido al amparo del Mobile World Congress otro año más, pero la crisis del coronavirus en el mundo ha puesto patas arriba todo el ecosistema. El Women in Mobile, ahora reconvertido en WIM, tenía como cada año su cita para congregar a las muchas mujeres del sector de la tecnología y la dirección de empresas del ecosistema.

Nacido hace ya seis años precisamente bajo la celebración del MWC, momento en el que se dieron cuenta de que no había mujeres en los escenarios del congreso de tecnología más grande del mundo, la idea del WIM no era hablar de igualdad –para esto había otros lugares– si no poner a las mujeres a hablar de tecnología en un lugar seguro. Es, de hecho, su fórmula para lograr ese ambicioso objetivo. Esa y la idea de crear una comunidad, a petición de las mujeres del sector, para lograr un impulso conjunto.

Desde entonces, la presencia de las mujeres en este tipo de eventos ha crecido del 5% al 30%, de las cuales el 16% tiene un puesto tecnológico y solo el 9% una posición directiva dentro del ecosistema. Mejores cifras, que ya alejan a las mujeres solo de los puestos de azafatas, pero no las deseadas.

Fue, con estos datos, cuando WIM decidió cambiar su estrategia. «Nos estamos enfocando a la parte directiva, porque hay muy pocas mujeres en puestos de dirección. Llevamos muchos años trabajando y desde abajo podemos hacer presión, pero la toma de decisión está arriba. Si queremos cambiar el status quo tenemos que enfocarnos en el poder para forzarlo de alguna manera», explica Vanessa Estorach fundadora de Women in Mobile a Hipertextual. Y desde el punto de vista de la igualdad porque, desde su posicionamiento, los hombres tienen que estar también en el proyecto. «Nuestro mensaje es «por favor señores vengan a ver a mujeres que hablan de tecnología», explican, «porque es lo que mejor sabemos hacer».

Entienden que organizaciones como la GSMA han evolucionado con la celebración de eventos como Women in Tech –que para este año iba a cambiar su celebración para uno de los días con más aforo–, por lo que «tienen una visión positiva» del cambio. Una evolución que comienza con la creación de referentes. «El hecho de que haya mujeres referentes en el escenario para inspirar a otras mujeres y jóvenes que puedan ser como ellas es muy importante, porque aunque no salgan tanto en los medios hay que enseñar que están ahí», añade Vanessa. Con el tiempo organizando encuentros de mujeres especializadas en diferentes ámbitos se han dado cuenta de que buscar referentes cada vez es más fácil, añade Sonia Casado también de WIM.

Ya no solo para la integración de las mujeres en un mundo enteramente de hombres, también es por dar una visión diversa a la propia tecnología. Porque no solo se habla de mujeres, «también de género, de cultura, esto lo incluye todo y ayuda a que no tengamos una sociedad sesgada». Porque ejemplos hay de sobra, desde un Google Photos que asocia a la población negra con gorilas, hasta el algoritmo que no cuenta con un lenguaje inclusivo simplemente porque la mano que lo ha programado no ha contado con un punto de vista global.

Y, sin embargo, los problemas siguen ahí. Porque aunque saben de ponentes hombres que se han negado a aparecer en paneles que no cumplan unos mínimos de paridad, aún se enfrentan a situaciones en las que les discutiendo la necesidad de poner a mujeres en sus paneles. «Es muy evidente, si no hacemos nada para cambiar la situación no va a cambiar porque sí. Hemos visto una evolución muy positiva, pero porque hemos hecho un esfuerzo. Incluir mínimos es algo muy necesario y obligado», argumenta Vanessa, «que esto dentro de unos años sea natural».

De hecho, este debate lleva años gestándose. Desde que en en 2007 la Ley de Género entrase en vigor, las dudas sobre la viabilidad de llevar a cabo algunas de las premisas de esta normativa siguen generando problemas. Además de la conciliación laboral o contemplar programas de igualdad para los funcionarios, uno de los puntos más polémicos fue el de las cuotas en las listas electorales –aún con reproches por algunos partidos– y la obligación de establecer planes de igualdad a las empresas de más de 200 trabajadores, abordando con ello el plano privado.

Y mientras esa naturalidad llega, para lo cual no quieren poner fecha a corto plazo «porque aún hay que ver listas de mujeres empresarias top en vez de gente top», siguen trabajando de forma activa. «Las estadísticas dicen que hasta más de 100 años, al paso que vamos, la cosa no va a cambiar, por eso hay que acelerar el ritmo», analiza Vanessa. Si miramos al mundo de las mujeres directivas, añade Sonia, «podemos tardar más de 200 años en lograrlo».

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